Discurso brindado por Juan Domingo Perón al cumplirse siete años de la manifestación popular que parió al movimiento nacional justicialista:
Día de la Lealtad
- Plaza de Mayo
17 de Octubre de
1952
Compañeros:
Yo deseo que mis primeras
palabras sean para rendirle, desde lo más profundo de nuestros corazones, un
homenaje sincero y argentino al excelentísimo señor presidente Somoza, que nos
acompaña. Rendimos en él el homenaje más caro de nuestros corazones al hermano
pueblo de NIcaragua y a su hermosa patria, recordando asimismo al inmortal
Rubén Darío, que vivió con nosotros largos años y que representa el elevado
idealismo de esa patria generosa que, aún lejana en el espacio, está muy
cercana en nuestro corazón.
Quiero también agradecer a
los compañeros de la CGT que, en nombre de sus seis millones de afiliados, han
tenido la amabilidad de colocarme sobre el pecho esta banda argentina que, por
provenir de los trabajadores de la patria, representa para mí la más honrosa,
la más digna y la más alta distinción de que pueda ser objeto un gobernante. Y
como de costumbre, deseo, desde esta plaza, en la cual reviven todos los
momentos de nuestra vida histórica e institucional, hacer llegar a todas las
plazas de la República, donde en este momento están reunidos nuestros
compañeros para escuchar las palabras que les dirigimos desde aquí, este saludo
que yo les hago llegar con el más apretado y sincero abrazo de compañero y de
hermano.
Y como en todos los 17 de
Octubre, quiero desde este balcón dar cuenta al pueblo, sintéticamente, de cómo
marcha nuestro gobierno. Compañeros: hemos seguido, desde 1944 hasta nuestros
días, una línea inquebrantable de conducta determinada por los objetivos de
nuestra doctrina.
El primer Plan Quinquenal
fue obra extraordinaria
El primer Plan Quinquenal
ha realizado, como ustedes conocen, una obra extraordinaria en todos los
órdenes, pero para mí la más satisfactoria es el haber afirmado en esta tierra
de todos mis amores la Justicia Social, la Independencia Económica y la
Soberanía de la Nación.
Ese primer Plan
Quinquenal, que afirmó esas banderas en las astas inmortales de nuestra
historia, dio también al pueblo argentino un grado de bienestar no alcanzado
jamás en nuestra historia, y dio, por sobre todas las cosas, un grado de
dignidad sin el cual la vida no merece ser vivida.
Hemos iniciado con el año
1953 nuestro segundo Plan Quinquenal. Los objetivos de ese Plan se afirman
también en las banderas ya izadas y consolidadas de nuestra Justicia, de
nuestra Independencia y de nuestra Soberanía. Tiende el mismo a completar el
ciclo que nos asegure, en su orden general, una economía integralmente
satisfactoria.
El camino de la riqueza y
el engrandecimiento
Yo, al contrario de lo que
pensaron muchos economistas argentinos, pienso que no nos podemos conformar con
ser un pueblo de pastores y de agricultores, aunque nos llamen la panera del
mundo, como se ha dicho muchas veces. Es por eso que el Segundo Plan
Quinquenal, al cristalizar los objetivos totales y definitivos de nuestro
esfuerzo social, económico y político, da orden de preferencia a todas las
realizaciones industriales. Queremos ayudar a esa inmensa masa campesina, que
con sudor de todos los días ha mantenido durante un siglo y medio en pie la
argentinidad y el trabajo argentino, con el esfuerzo de las masas urbanas
destinado a la transformación de la materia prima y a la distribución de la
riqueza, para que, establecido el ciclo integral de la República pueda retomar
silenciosa y dignamente el camino de su riqueza y de su engrandecimiento.
Para ello necesitamos
solamente dos cosas: organización y trabajo. La organización es tarea del
gobierno, y ustedes saben con qué ritmo la estamos realizando. En cuanto al
trabajo, yo sé que los brazos generosos de los trabajadores argentinos están
pidiendo actividades para producir; que en sus pechos honrados late un
incontenible deseo de lucha y de trabajar para engrandecer a la Patria.
Si en el primer Plan
Quinquenal, conseguimos elevar el standard de vida a un grado de satisfacción y
de dignidad nacional, en el segundo Plan Quinquenal ese standard de vida ha de
elevarse todavía muy considerablemente. Yo, como Presidente de la República, no
estoy todavía satisfecho con el standard de vida general alcanzado por el
pueblo argentino. Podemos llegar a mucho más. Para ello, solamente necesitamos
las dos cosas que acabo de mencionar: organizarnos y trabajar incansablemente
para lograrlo.
El trabajo, compañeros,
como yo lo veo es poner en acción todos nuestros capitales y todos nuestros
esfuerzos. Ello ha de lograrse con el cumplimiento de nuestros objetivos. Y
desde ya descarto el éxito porque el pueblo argentino, con su grandeza extraordinaria
me ha hecho optimista y me ha hecho entrever, que así como en el Primer Plan
Quinquenal sobrepasamos todos los objetivos trazados -que habían sido
calificados de ambiciosos- en el Segundo Plan Quinquenal hemos de sobrepasar
también todos esos objetivos.
Nosotros queremos una
cultura para el pueblo
A la par de todas estas
realizaciones de orden material, estamos también empeñados en promover la
reforma cultural y la reforma educacional de la comunidad argentina. Queremos
que en el orden de la cultura los grandes valores que esa cultura promueva,
trascienda al pueblo. Nosotros no concebimos una comunidad donde haya veinte o
treinta sabios muy sabios y muchos millones de ignorantes muy ignorantes;
nosotros queremos una cultura para el pueblo, nosotros queremos que esa cultura
esté al alcance de todos los hombres de este pueblo para que así cada uno pueda
ser el artífice de su propio destino. Hemos de promover esa reforma, y en
cuanto a las ciencias, a las artes, y a la cultura en general, cada argentino
tendrá también en su mochila el bastón de mariscal prometido.
Yo he de empeñarme en esta
reforma con la misma decisión, con la misma perseverancia con que me empeñé en
la reforma social en 1944. Y estoy seguro de que, con la ayuda de ustedes,
hemos de triunfar. En cuanto a la política interna, ustedes saben tan bien como
yo, cuáles son los progresos que en ese orden hemos realizado en la República.
Después de diez años de lucha frente a la incomprensión, frente a la mala fe,
frente a la lucha despiadada desde todos los rincones de esta tierra,
comenzamos a llegar a la época de la persuasión definitiva. Yo nunca me he
hecho ilusiones de convencer simultáneamente a todos los argentinos; pero,
gracias a Dios, estoy viendo hoy que todas las legiones de los hombres de esta
tierra comienzan a marchar en la misma dirección, y esa es para mi la victoria
decisiva de mi patriotismo y de mi misión. Como sucede después de todas las
luchas, comenzamos, la tarea de apaciguamiento. He dicho, y repito en este
venturoso 17 de Octubre, que ningún adversario ni enemigo que quede entre
nuestros hombres nos tenderá su mano sin encontrar la mano generosa del
peronista para asirse a ella.
Que la lucha sea para la
grandeza de la Nación
Nosotros, he repetido
muchas veces, somos hombres de paz y de trabajo; sin embargo nos atrae la
lucha, pero queremos que esa lucha sea para la grandeza de la Nación y el
destino común de los argentinos. Ahí, en esa lucha queremos quemar toda nuestra
energía y toda nuestra vida, si es preciso.
Compañeros: el cuadro que
en síntesis podría ofrecer en todas las actividades económicas y políticas del
orden interno de la República, nos está mostrando una situación que, en plena
consolidación, puede ofrecer a los argentinos la seguridad, la tranquilidad y
la dignidad con que deben vivir los hombres en una comunidad organizada. Y yo
estoy persuadido que en el futuro, esa seguridad, esa tranquilidad y esa
dignidad han de ir creciendo a la sombra de nuestra buena fe, de nuestro
patriotismo, de nuestro trabajo y de nuestra buena voluntad.
Gesto de Eisenhower que le
honra y le enaltece
En el orden internacional
doy gracias a Dios, de que haya permitido en este año estrechar nuestras
relaciones con todos los pueblos de la tierra. Un pequeño diferendo, más de forma
que de fondo, que existía con los EEUU y la República Argentina ha sido total y
absolutamente solucionado y en ello haciendo la justicia a que tengo el deber,
debo exaltar la ilustre personalidad del General Eisenhower, presidente de los
Estados Unidos, quien, con un gesto que le honra y le enaltece, mandó a su
propio hermano para zanjar todas las dificultades que pudieran existir con la
Argentina.
Yo soy el más feliz de los
hombres al haber podido realizar este acto que nos une sin reservas mentales a
todos los pueblos hermanos de América.
Compañeros: Las verdades
del Justicialismo, como toda nuestra doctrina, pueden confrontarse con nuestras
realidades en el orden internacional. Somos lo suficientemente idealistas como
para entender que la realidad constituye el supremo ideal. Los pueblos, como
los hombres, no han podido aprender la ciencia oculta de vivir soñando; viven
de realidades. Y los mejores sueños son los que se cumplen. Por eso, como en el
año 1943, yo repito al pueblo: "Mejor que decir es hacer, y mejor que
prometer es realizar". Por eso nosotros, con la dignidad nacional, que es
la suma de las dignidades individuales que llevamos en el corazón podemos decir
que en este 17 de Octubre de nuestras luchas y de nuestras glorias, el Movimiento
Peronista, el gobierno peronista y ese maravilloso pueblo peronista, vienen
cumpliendo estas verdades de nuestra doctrina política internacional, desde el
primer día en que el sol nos encontró madrugando en el gobierno por la
felicidad y la grandeza de una Nueva Argentina, Justa, Libre y Soberana.
En este año del calendario
peronista, que va desde el 17 de Octubre de 1952 a este nuevo 17 de
Octubre, el mundo entero ha sido testigo de nuestra posición internacional
clara y definida. No podíamos equivocarnos. Se equivocan los gobiernos que no
cumplen la voluntad de sus pueblos. Y no nos equivocamos, porque yo he jurado
ante mi propia conciencia no hacer sino lo que mi pueblo quiera.
Consulta al pueblo y
entusiasta respuesta
Yo he dicho, por ejemplo,
que nosotros trabajamos, primero para la República Argentina, después para el
continente americano, y luego para los otros pueblos de la Tierra. Y lo he
dicho porque eso es lo que quiere mi pueblo. ¿Si o no? - La muchedumbre
contesta: ¡Sí!
Yo he dicho también, que
los argentinos no pelearemos jamás fuera de la República Argentina, pero que el
que se anime a poner un pie en nuestra tierra, cuando ponga el segundo,
encontrará 18 millones de argentinos dispuestos a morir por la defensa total de
nuestra Patria. Y yo lo he dicho porque eso, eso es lo que quiere mi pueblo.
¿Si o no? -¡Sí!.
Yo he dicho infinitas
veces que estábamos en contra de todo imperialismo. Y ahora me alegro de que el
presidente de los Estados Unidos, el general Eisenhower, condene con nosotros
toda política internacional imperialista. Eso es lo que quiere el pueblo
argentino para todos los pueblos de la tierra ¿Si o no? - ¡Sí!.
Yo he declarado también
que no somos enemigos de ningún pueblo de la tierra, puesto que todos merecen
nuestro respeto y pueden hacer lo que quieran dentro de sus fronteras. Y lo he
dicho porque eso es lo que quiere el pueblo ¿Si o no?. - ¡Sí!.
¿Quiere o no el pueblo
argentino que seamos amigos de todos los pueblos de la humanidad? ¿Si o no? -
¡Sí!.
¿Quiere o no quiere el pueblo
argentino que ayudemos a que se realice la unión de todos los pueblos
americanos? - ¡Sí!.
Por eso fui a Chile, y el
pueblo chileno, con el inmenso cariño de su corazón, me hizo pensar que la
República Argentina y el pueblo argentino tienen que cumplir con los designios
del Gran Capitán, luchando incansablemente por la libertad americana. Por eso,
a mi regreso de Chile, proclamé el decálogo de la unión entre los pueblos
hermanos y este maravilloso pueblo argentino. ¿Es o no es lo que quiere el
pueblo argentino? - ¡Sí!.
El pueblo del Paraguay
merece nuestro cariño
Por eso fui también al
Paraguay, y allí sentí palpar emocionado el corazón de América, interpretado
por un gobierno humilde que sirve a un pueblo cuya humildad impone el respeto
que merecen los grandes pueblos.
El pueblo de Paraguay
merece nuestra más alta consideración y todo nuestro cariño. No ambiciona más
de lo que posee y por eso no ha pedido nada a cambio de nuestra amistad leal y
honrada. Por eso yo pido al pueblo argentino que cumpla con los paraguayos un
decálogo similar al que nos une con el pueblo chileno por sobre las nieves
eternas de los Andes, pese a los egoísmos mezquinos de los hombres mediocres
que oponen sus intereses personales a los altos, eternos e irrevocables ideales
de los pueblos.
En homenaje al pueblo
paraguayo yo deseo reiterar en este día solemne de nuestra historia, el
contenido sumario y sustancial de aquel decálogo y lo propongo al pueblo
argentino como principio para la unión definitiva entre los paraguayos y los
argentinos.
A continuación el Señor
Presidente da lectura al Decálogo como "principio para la unión definitiva
y eterna entre los pueblos paraguayo y argentino":
1) Cada argentino debe
saber que el pueblo paraguayo y el pueblo argentino, conservando la plenitud de
sus soberanías nacionales, son real y efectivamente pueblos hermanos y, en
consecuencia, todos los argentinos debemos trabajar por la grandeza del
Paraguay y por la felicidad de su pueblo, con la misma fe y el mismo amor con
que trabajamos por nuestra propia grandeza y por nuestra propia felicidad.
2) Desde hoy los
paraguayos serán compatriotas de todos los argentinos. Esta debe ser una
consigna de honor nacional.
3) Cada uno de nosotros
debe comprometerse a trabajar en su puesto por el acercamiento espiritual y
material de los pueblos paraguayos y argentino.
4) El gobierno, el Estado
y el pueblo argentino arbitrarán todos los recursos y medios que ayuden al
Paraguay a consolidar la Justicia Social, la Independencia económica y la
Soberanía política, del mismo modo que luchamos por las nuestras, puesto que
ellas son las únicas bases de la unión comprometida.
5) La unión del pueblo
paraguayo con el pueblo argentino no excluye futuras adhesiones de ningún
pueblo americano sobre las mismas bases. Cada argentino debe saber que ésta es
una acción constructiva, que no tiene finalidades ofensivas, que no está
dirigida contra nadie y que tiene como único objetivo la grandeza y felicidad
de los pueblos que la componen o compongan en el futuro.
6) Las organizaciones
sociales, económicas y políticas del pueblo argentino habrán de promover la
máxima vinculación posible con sus similares del pueblo paraguayo, a fin de
realizar una acción armónica y solidaria para alcanzar los grandes objetivos
comunes. El gobierno argentino prestará su más amplio apoyo a estas
vinculaciones entre los pueblos hermanos.
7) La legislación general
argentina deberá contribuir a facilitar la unión de los pueblos paraguayo y
argentino.
8) Los organismos del
gobierno y del Estado nacionales, provinciales y territoriales, particularmente
en las zonas limítrofes con la hermana República de Paraguay, coordinarán su
acción con sus similares paraguayos sobre las bases de real y sincera lealtad.
9) Todo acto contrario a
los grandes objetivos comunes e intereses de la unión entre el pueblo del
Paraguay y el pueblo argentino será considerado por nosotros como una falta de
honor en relación con el compromiso contraído.
10) El pueblo del Paraguay
y el pueblo argentino son los depositarios absolutos de esta unión definitiva,
que ponemos bajo la protección de Dios, fuente de todo amor y de toda Justicia,
de toda libertad, pidiéndole humildemente que no sea jamás violada ni destruida
por los malvados e hipócritas intereses egoístas y mezquinos, sino que, por el
contrario, sea permanente y eterna como la humildad de nuestros pueblos.
Y ahora deseo transmitir a
todos los compañeros de la Patria ese saludo afectuoso de todos los años,
invitándolos a que me acompañen a dar estos vivas: ¡Viva la República de
Nicaragua! ¡Viva el General Somoza! ¡Viva la República del Paraguay! ¡Viva la
Patria!

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